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¿Por qué somos egoístas?


El egoísmo es una actitud tan reprochable como natural en el ser humano, que todos hemos demostrado alguna vez y nos ha afectado al venir de otras personas. A menudo solemos reprocharlo en quienes nos rodean sin darnos cuenta cuando lo mostramos nosotros mismos, pues lo más difícil es ejercer de juez de uno. ¿Por qué somos egoístas? ¿De dónde viene esa actitud qué no podemos evitar y que deberíamos aprender a controlar? La respuesta que tengo que mostrarte el día de hoy te sorprenderá y te hará reflexionar, en especial si te sientes identificado con todo lo que acabo de describir.

egoistas

¿De dónde viene el egoísmo?

El interés por uno mismo como ya se ha mencionado, es algo inevitable, ya sea en mayor o menor medida. De hecho, te sorprenderías de saber que esta actitud es en principio un mecanismo de defensa, que sirve para mantener el equilibrio interior.

Y es que aunque ser egoísta suele verse como un defecto, lo cierto es que hay ocasiones en las que se convierte en una necesidad, pues nos ayuda a darnos el lugar que nos merecemos y a perseguir nuestra propia felicidad, en lugar de ver por los intereses de otros. El problema viene cuando esas pequeñas dosis necesarias de egoísmo se salen de control y ese equilibrio que se busca se convierte en algo desproporcionado.

El origen del egoísmo

Hay varios factores y situaciones que pueden desencadenar las actitudes egoístas, y tienen que ver tanto con aspectos de la biología mismo como con sucesos que nos pueden ocurrir en nuestro día a día.

  • La información de tus genes. Algunos estudiosos han sugerido que este defecto es algo que viene incluido en el código genético de los seres humanos, mediante algo a lo que han llamado “el gen egoísta”. Fue Richard Dawkins, profesor de Etología en la Universidad de Oxford, quien por primera vez introdujo este concepto en la década de los sesenta, relacionándolo con la evolución y la selección natural. Y es que según lo que su teoría sugiere, el egoísmo no es más que un instinto de protección y supervivencia, después de que el ser humano se haya tenido que adaptar a un mundo en extremo competitivo. Ya desde la concepción de una persona, su existencia se ve determinada por la competencia.
  • La sensación de inferioridad. Claro está que también podemos apelar al aspecto sentimental. Los psicológos coinciden en que ser egoísta es una conducta protectora de quienes sienten una gran debilidad y tienen complejos por resolver. La inseguridad también juega un papel muy importante. El celar en exceso un objeto o incluso a una persona, demuestra que quien cree tener posesión sobre ellos siente también un enorme miedo de perderlos, por lo que su primera reacción es tratar de acapararlos. Un sujeto generoso es por naturaleza, más seguro que quienes le rodean.
  • La influencia del entorno. Pero el egoísmo también puede ser una conducta aprendida, pues no hay que olvidar que todo aquellos que miramos, escuchamos y absorbemos en nuestros primeros años de vida, es prácticamente lo que llega a definirnos como personas. Es común que un niño al que no se le enseña la importancia de compartir y que también ve restringidas las muestras de afecto, se forme la idea de que si quiere algo habrá de conseguirlo sin esperar mucho de los demás. Esto le hará recelar de quienes le rodean mientras va creciendo y favorecerá una actitud de desmesurado interés sobre si mismo.
  • Las expectativas de la sociedad. Generalmente, a todos se nos ha enseñado desde chicos que poseer bienes materiales y dinero debe ser nuestra máxima aspiración en la vida. Conseguir un buen trabajo y cumplir con lo que se espera de nosotros para seguir alguien. Fomentar el espíritu de competitividad que a menudo, causa más daños que satisfacciones, pues trabajar en equipo no parece lo más relevante según varios estándares. Si te das cuenta, la sociedad a menudo no le brinda mucha importancia a las necesidades afectivas pero si a cubrir las materiales. Algo que no puede llenar el vacío emocional que suente mucha gente, por más que pueda poseer.

El egoísmo desmesurado es un camino sin retorno hasta la absoluta infelicidad, pero no todos son capaces de darse cuenta, debido a que hacerlo significaría romper con todas las barreras mencionadas arriba y que ciertamente, llegan a definir un estilo de vida.

¿Cómo aprender a hacer a un lado el egoísmo?

Ser más abierto y generoso no es algo sencillo, si has estado repitiendo por años alguno o varios de los patrones que te acabo de describir. Sin embargo tampoco es imposible, aunque has de saber que tendrás que poner todo de tu parte. El paso más importante es darte cuenta de que necesitas cambiar y estar dispuesto a hacerlo, no importa cuando esfuerzo o tiempo te lleve.

Lo siguiente es identificar cuales son las razones que te llevan a comportarte de manera egoísta. Puede ser que tengas conflictos que debes resolver para sentirte mejor contigo mismo y por ende, a abrirte más con los demás. Tal vez incluso, persiste en ti el miedo a la pobreza o a perder el afecto de alguien. Estas son actitudes que se resuelven con el tiempo y la ayuda de un profesional, la cual no deberías dudar en buscar si estás sabotéandote con esta actitud.

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